Valores
En nuestra casa salesiana, educar es acompañar. Nos inspira el estilo de Don Bosco: cercanía, alegría, buen trato y una fe que se vive en lo cotidiano. Desde nuestra hermosa ciudad de Manta donde se respira un ambiente cálido y fraterno, formamos con el corazón puesto en la persona, para que cada estudiante crezca con valores firmes y con sentido de vida.
FAMILIARIDAD
Aquí nadie debería sentirse solo. Cuidamos un clima de cercanía, confianza y pertenencia, donde cada estudiante encuentra acompañamiento y guía. La familia salesiana se construye con detalles: apoyo, escucha, amistad sana y comunidad.
SOLIDARIDAD
El servicio nos enseña a mirar al otro. Practicamos la solidaridad con acciones concretas: apoyar, compartir, colaborar y estar atentos a quien necesita ayuda. Crecer también es aprender a servir con humildad y compromiso.
ESPIRITUALIDAD
La fe se vive en valores, en decisiones y en la manera de tratar a los demás. Nos ayuda a darle sentido al estudio, al trabajo y a la convivencia. La esperanza impulsa a levantarse, seguir y creer que siempre se puede mejorar con la ayuda de Dios y el acompañamiento de la comunidad.
RESPETO
El respeto comienza con lo sencillo: mirar, escuchar, saludar y hablar con dignidad. Lo vivimos en el aula y en la convivencia diaria, cuidando el buen trato y valorando a cada persona por lo que es. Don Bosco nos enseñó que el respeto también es presencia: estar cerca para orientar y ayudar.
HONESTIDAD
Ser honestos es vivir con coherencia: decir la verdad, cumplir lo que prometemos y actuar con transparencia. Se refleja en el estudio, en el trabajo y en nuestras decisiones diarias. La honestidad construye confianza, y la confianza fortalece la comunidad.
AMABILIDAD
La amabilidad es parte del estilo salesiano. Corregimos sin humillar, orientamos con paciencia y dialogamos con respeto. Un ambiente amable no solo mejora la convivencia: también abre el corazón para aprender, crecer y superarse con seguridad.
ALEGRÍA
La alegría es un sello de Don Bosco. No es solo diversión, es esperanza, entusiasmo y motivación para seguir adelante. Se nota en la participación, en el deporte, en el arte y en la convivencia diaria. Cuando hay alegría, se aprende mejor y se vive en familia.
Principios de la educación salesiana
La misión de nuestra propuesta educativa es formar personas íntegras, con valores firmes y sentido de servicio. Promovemos un ambiente de cercanía, respeto y alegría, donde el aprendizaje se une a la fe y la convivencia se vive como familia. Estos principios orientan nuestro estilo de acompañamiento y la formación para la vida.
El accionar educativo – pastoral de nuestro centro se orienta por los siguientes principios:
Entendida como el “arte de anticiparse a educar en positivo”, proponiendo el bien en vivencias adecuadas y envolventes para potenciar el deseo de crecimiento desde dentro, apoyándose en la libertad interior. Es el arte de ganar el corazón de los jóvenes de modo que decidan caminar con alegría y satisfacción hacia el bien.
Es el resultado de la práctica de las actitudes de acogida, confianza, reconocimiento positivo y amabilidad. Es un ambiente que se manifiesta en la práctica de la reciprocidad, solidaridad, diálogo, corresponsabilidad, trabajo en conjunto, coeducación, interculturalidad y en el cumplimiento de nuestra misión educativa.
Como sujeto único e irrepetible, con deberes y derechos, abierto a los demás, al mundo y a Dios. La persona durante la niñez, adolescencia y juventud es vista en todas sus dimensiones: en la perspectiva personal y social, en la unidad de su dinamismo existencial de crecimiento humano hasta el encuentro con la persona de Jesucristo descubriendo en ella el sentido supremo de la propia vida.
Preferentemente por la niñez, adolescencia y juventud que tienen menos oportunidades y están en situaciones de vulnerabilidad o alto riesgo. La educación salesiana es popular y equitativa por los destinatarios preferenciales que acoge, por la ubicación geográfica, por el sector social y cultural. Constituye una oportunidad de crecimiento integral porque las familias aportan desde sus posibilidades, sin condicionamientos de homogenización, ni actitudes paternalistas.
Directamente relacionado con el valor de la dignidad y realización de las personas y con los Derechos Humanos, «el enfoque inclusivo de la educación consiste en repensar la organización y las acciones educativas para promover la presencia, el rendimiento y la participación de todo el alumnado en la vida escolar, principalmente los más vulnerables a la exclusión, el fracaso escolar o la marginación, detectando y reduciendo o eliminando, para ello, las barreras que limitan dicho proceso». (Ainscow, Booth y Dyson, 2006)
El modo concreto con que Don Bosco acompañó a los jóvenes evoca la espiritualidad de san Francisco de Sales, caracterizado por la dulzura y el optimismo. Es flexible, basado en la atención a cada persona y las potencialidades que en ellas pueden desarrollarse. Se manifiesta en la atención a la vida cotidiana, en la concreción de fidelidad a los compromisos de estudio, trabajo, oración; en las relaciones características con la bondad, la amabilidad y la confianza en la perspectiva de orientar hacia la santidad a la que cada uno está llamado.
Desde la vida cotidiana y en todos los ambientes, incidiendo constructivamente en el entorno social. Esto implica formación de la conciencia moral, lectura habitual de la realidad sociopolítica y construcción de estructuras de solidaridad para la consecución del bien común, con la participación de la sociedad civil con transparencia y responsabilidad social.
Entendida como actitud de apertura crítica y comprometida con la diversidad cultural, pues esta exige reconocimiento positivo y aportes recíprocos con identidad.
Se conquista mediante el ejercicio de la capacidad de discernimiento para alcanzar la autonomía con responsabilidad. Este proceso es cognitivo, procedimental y actitudinal al mismo tiempo, de tal forma que la persona asuma actitudes coherentes con los valores cristianos.
Se manifiesta, entre otras cosas, en la participación atenta y generosa en las responsabilidades educativo – pastorales, hasta llegar a identificarse vocacionalmente con ella.
Impulsa el trabajo cooperativo entre los CES y las comunidades educativas que las conforman. Parte de intereses y objetivos comunes, para compartir conocimientos, experiencias e instrumentos de diversos tipos. Trabaja desde la sinergia entre las comisiones y equipos con orientación a una gestión eficiente y eficaz, que propicie el trabajo corresponsable y cooperativo de los implicados con la calidad y pertinencia de los resultados que se pretenden alcanzar.
El modo concreto con que Don Bosco acompañó a los jóvenes evoca la espiritualidad de san Francisco de Sales, caracterizado por la dulzura y el optimismo. Es flexible, basado en la atención a cada persona y las potencialidades que en ellas pueden desarrollarse. Se manifiesta en la atención a la vida cotidiana, en la concreción de fidelidad a los compromisos de estudio, trabajo, oración; en las relaciones características con la bondad, la amabilidad y la confianza en la perspectiva de orientar hacia la santidad a la que cada uno está llamado.

