RINCÓN DE LOS CREADORES
El hombre de catadura sospechosa
Aquel hombre siempre permanecía solo en su casa, con las luces apagadas, y rara vez salía. Los vecinos pensaban que era una persona porfiada, terca y obstinada. Cuando alguien pasaba frente a su vivienda, percibía un intenso olor a petricor, como si la lluvia acabara de caer sobre la tierra. Aunque el aroma era fuerte, en el jardín crecían unas flores que parecían inmarcesibles, conservando su belleza a lo largo del tiempo.
Además, de la casa solía salir una música meliflua que se mezclaba con el silencio del vecindario. Las pocas veces que el hombre se dejaba ver, las personas le deseaban alafia, pues creían que era alguien hosco y distante. Sin embargo, él respondía siempre de manera afable, aunque en su mirada se reflejaban el agobio y una constante sensación de adversidad.
La verdad era muy diferente de lo que todos imaginaban. No se escondía por desprecio ni por desconfianza hacia los demás, sino porque vivía una profunda limerencia que le impedía relacionarse con normalidad. A pesar de ello, se describía a sí mismo como una persona de ataraxia, con un espíritu etéreo y la sencillez de un abad que busca la paz interior.
Con el tiempo, los vecinos comprendieron que las apariencias podían engañar. Aquel hombre de catadura sospechosa no era alguien peligroso ni desagradable; simplemente llevaba en silencio una historia que nadie se había detenido a conocer.
Autora: Posligua Delgado Saskia Noelia
Curso: 8 EGB
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